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Gerardo Hernández
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19 Junio 2019 04:05:00
El ahijado de Salinas
WikiLeaks y su fundador Julian Assange sacudieron al mundo el 28 de noviembre de 2010 con la divulgación de más de un cuarto de millón de telegramas y documentos –la mayor fuga de la historia– del Departamento de Estado de Estados Unidos.

La información, dividida en no clasificada, confidencial y secreta, se filtró a The Guardian (Reino Unido), The New York Times (Estados Unidos), Le Monde (Francia), El País (España) y el semanario Der Spiegel (Alemania). Las revelaciones ocuparon los principales espacios en los medios de comunicación y pusieron en aprietos a múltiples gobiernos; sobre todo al estadunidense.

Assange –detenido el 11 de abril en la embajada de Ecuador en Londres– entregó a un emisario de La Jornada un dispositivo USB con miles de cables, el 18 de enero de 2011, en la capital británica. El 09MEXICO2778, remitido a Washington, el 24 de septiembre de 2009, informa sobre el resultado de una visita de personal de la Embajada al Estado de México: “Si bien (…) ofreció una perspectiva menos que equilibrada sobre el desempeño de (…)

Peña Nieto, reveló claramente en qué medida sus esfuerzos actuales están orientados a prepararse para una futura candidatura presidencial (…) y proporcionó una idea de su estilo de gobierno. (…) la mayoría de los funcionarios electos del PRI (gobernadores, alcaldes y legisladores) ven algún beneficio en asociarse estrechamente con él”.

Bajo el sugestivo título de Una mirada al Estado de México, al Estilo de Pueblo de Potemkin, analogía entre la farsa para engañar a Catalina II de Rusia, con una urbanización escenográfica, y la montada por Peña para hacerse con la candidatura presidencial, la comunicación pone de relieve el papel del “monopolio” de Televisa en la sucesión de 2012. “Además, como ahijado del expresidente Salinas y formado por el arraigado molde político del PRI (…)

Peña Nieto no es conocido por la transparencia cuando se trata de sus amigos y aliados: ayudó a proteger al exgobernador (…) Arturo Montiel Rojas de la acusación por cargos de corrupción al principio de su mandato. El PRI del Estado de México tiene la reputación de aprovechar las brechas en la transparencia para construir cofres de guerra de campaña”.

Peña retribuyó a las elites políticas, económicas y mediáticas con contratos —muchos de ellos sin licitación—, exenciones fiscales e influencia en su gobierno. También hizo la vista gorda frente a escándalos de corrupción pública y privada. La nueva oligarquía surgió en el sexenio de Salinas de Gortari, su padrino. El cable “confidencial” 08MEXICO2187_a, del 16 de julio de 2008, “explica quiénes son estas personas, cómo llegaron a dónde están y cómo esta concentración de riqueza afecta a México”.

Los nombres –de sobra conocidos– han sido representados por López Obrador como “la mafia del poder”. El telegrama pone las cosas en perspectiva: “México, un país donde aproximadamente el 40% de la población vive en la pobreza, tiene 10 de las personas en la lista de Forbes de 2008 de los multimillonarios del mundo». Ellos son: Carlos Slim (Telmex/ Grupo Carso), Alberto Bailleres (Peñoles/ Palacio de Hierro), Germán Larrea (Grupo México), Ricardo Salinas (TV Azteca), Gerónimo Arango (Aurrerá), Isaac Saba (Grupo Casa Saba), Roberto Hernández (exdirector de Banamex), Alfredo Harp (Avantel), Emilio Azcárraga (Televisa) y Lorenzo Zambrano (Cemex). La embajada reconoce sus aportaciones, pero observa: “esta concentración de riqueza y poder económico dificulta la capacidad de México para lograr niveles más altos y más profundos de competencia en industrias clave”.
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